El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia LANZAROTE
Bueno, sea quien fuere su padre, hablamos del joven maese Lanzarote.
GOBO
Lanzarote, señor, y servidor de vuestra merced.
LANZAROTE
Pero anciano, ergo os lo ruego, ergo os lo suplico, ¿habláis del joven maese Lanzarote?
GOBO
De Lanzarote, con permiso de vuestra merced.
LANZAROTE
Ergo, maese Lanzarote. Pero no habléis de maese Lanzarote, anciano, que el joven caballero, conforme a los hados, destinos y otras rarezas de nombres, las Tres Parcas y otras ramas del saber, ha fenecido, o, dicho llanamente, ha subido al cielo.
GOBO
¡No lo quiera Dios! El muchacho era el báculo y puntal de mi vejez.
LANZAROTE
[aparte] ¿Parezco un garrote, un soporte, un báculo, un puntal? — ¿Me conocéis, anciano?
GOBO
¡Ay de mí! No os conozco, joven caballero, pero, ¿queréis decirme si mi hijo, que en paz descanse, está vivo o muerto?
LANZAROTE