El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Dices bien.— Anciano, id con vuestro hijo.—
DespÃdete del que ha sido tu amo y pregunta
dónde vivo.— Dadle una librea
de más ornamento que las otras. Cuidaos de ello.
LANZAROTE
Pasad, padre.— ¡No, si yo no sé ganarme un empleo, si no tengo la lengua en su sitio…! [Se mira la palma de la mano] Bueno, como no hay en toda Italia una mano más hermosa para jurar sobre la Biblia, seré afortunado. ¡Anda, que no está clara la raya de la vida! ¡Y vaya puñadito de mujeres![28] Total, nada, quince mujeres; once viudas y nueve mozas no es mala entrada para uno. Y tres veces a punto de hundirme, y luego los peligros del lecho nupcial; meras travesuras. Si la fortuna es mujer, conoce su oficio.— Vamos, padre. En un soplo me despido del judÃo.
Sale [con el viejo GOBO].
BASANIO
Encárgate de esto, buen Leonardo.
Compradas y embarcadas estas cosas,
vuelve a toda prisa, que esta noche doy
un festÃn al mejor de mis amigos. Corre.
LEONARDO
Pondré el mayor empeño en complaceros.
Entra GRACIANO.
GRACIANO
¿Dónde está tu amo?