El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia LEONARDO
Por ahí va, señor.
Sale.
GRACIANO
¡Signor Basanio!
BASANIO
¡Graciano!
GRACIANO
Deseo pedirte un favor.
BASANIO
Concedido.
GRACIANO
No me lo niegues. Debo ir a Bélmont contigo.
BASANIO
Está bien. Pero mira, Graciano:
eres desmedido, brusco e indiscreto,
lo cual se ajusta bien a tu carácter
y no es inconveniente a nuestros ojos.
Mas quien no te conozca, te creerá
descomedido. Te lo ruego, esfuérzate
por templar el ardor de tu espíritu
con unas gotas de moderación, no sea
que donde voy me juzguen a mí
por tus excesos y arruine mi esperanza.
GRACIANO
Óyeme, Basanio:
si no me revisto de porte formal,