El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia hablo con respeto y apenas maldigo;
si no llevo encima el devocionario
y no estoy modoso; y si, al bendecir la mesa,
no me tapo los ojos así con el sombrero,
doy un suspiro y digo «amén»; si no cumplo
las reglas de cortesanía como aquel
que sabe estar serio para gusto de su abuela,
no te fíes más de mí.
BASANIO
Ya veremos cómo te comportas.
GRACIANO
Pero esta noche, no. No me juzgues
por lo que hagamos esta noche.
BASANIO
No, sería una lástima.
Prefiero rogarte que te pongas
tus galas de alegría inmoderada,
pues hay amigos que quieren regocijo.
Y ahora, adiós. Tengo que hacer.
GRACIANO
Y yo voy con Lorenzo y los demás;
te veremos a la hora de la cena.
Salen.