El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia Algún mal amenaza mi sosiego:
anoche soñé con bolsas de oro[31].
LANZAROTE
Os suplico que vengáis, señor. Mi amo desea vuestra insistencia.
SHYLOCK
¡Y yo la suya!
LANZAROTE
Pues las dos se han conjurado. No digo que vayáis a ver máscaras, pero si las veis, por algo me sangró la nariz[32] el último lunes de Pascua a las seis de la mañana, cayendo ese año el miércoles de ceniza a los cuatro años de la tarde.
SHYLOCK
¿Conque máscaras? Óyeme bien, Yésica:
atranca las puertas y, al oír el tambor
y el mísero chillido de los pífanos,
no te subas a ventanas, ni asomes
la cabeza a la calle para ver
a los estúpidos cristianos con caretas.
Tapa los oídos de mi casa (las ventanas):
que el ruido de la vana ligereza
no entre en mi digna casa. Por la vara de Jacob,
que esta noche yo no iría de banquetes.
Pero iré.— Tú adelántate y di que voy.
LANZAROTE
Señor, delante iré.— Señora,