El Mercader de Venecia
El Mercader de Venecia ¿Qué dice la plata, de color virginal?
«Quien me elija tendrá todo lo que merece».
Todo lo que merece… Detente, príncipe,
y sopesa tu valía con mano imparcial.
Si te valoras por tu propio renombre
mereces mucho y, con todo, ese mucho
podría no llegar hasta la dama.
Sin embargo, dudar de mis méritos
sería un menosprecio de mí mismo.
Todo lo que merezco… Pues, ¡la dama!
Por mi cuna la merezco, y mi fortuna,
mis prendas y ventajas de crianza;
pero, aún más, la merezco por amor.
¿Y si no continuara y eligiese ya?
Veamos otra vez la leyenda del oro:
«Quien me elija tendrá lo que muchos desean».
Pues, ¡la dama! El mundo entero la desea.
De los cuatro puntos cardinales vienen todos
a besar esta efigie, esta santa entre mortales.
Las soledades de Hircania[37] y los vastos desiertos
de Arabia son ahora caminos reales
de príncipes que vienen a ver a la bella Porcia.
El reino del mar, cuya osada cabeza
al cielo escupe en la cara, no es barrera
que detenga al ánimo extranjero, que por ver
a la bella Porcia lo cruza como un arroyo.
Uno de los tres guarda su imagen divina.