Enrique IV
Enrique IV ¡Dios se apiade! Me darías ardor de estómago.
Entra la POSADERA.
¿Qué tal, doña Clueca? ¿Has averiguado quién me limpió el bolsillo?
POSADERA
Sir Juan, ¿qué pensáis, sir Juan? ¿Pensáis que tengo ladrones en mi casa? He buscado, he preguntado, y también mi marido, hombre tras hombre, mozo tras mozo, sirviente tras sirviente. Hasta ahora en mi casa no se había perdido un pelo.
FALSTAFF
Mientes, posadera. Aquí a Bardolfo le han rapado, y ha perdido más de un pelo, y yo te juro que a mí me han limpiado el bolsillo. ¡Quita allá! Mujer tenías que ser.
POSADERA
¿Quién, yo? ¡No, os desafío! ¡Luz divina! ¡Nadie me ha llamado así en mi propia casa!
FALSTAFF
Vamos, que te conozco muy bien.
POSADERA
No, sir Juan, no me conocéis, sir Juan. Yo sí que os conozco. Sir Juan, me debéis dinero, y ahora buscáis disputa para burlarme. Os compré una docena de camisas.
FALSTAFF