Enrique IV
Enrique IV El primer acto concluye con la comparecencia de los rebeldes ante el rey, y la decisión de aquéllos de levantarse en armas. Es una escena «oficial» en la que el monarca actúa con toda energía y autoridad en su faceta de hombre público y que nos permite entender la opinión que le merecía Hotspur: el joven caballero exhibe aquí las cualidades por las que el rey decía admirarle, pero también los defectos que temía. Brillante y ocurrente en su modo de elocuencia, es también soberbio e intratable. El relato de su encuentro con el señor «pulcro y recompuesto» en el campo de batalla es más bien un retrato de sí mismo.
El tema del honor, tan dominante en la primera parte de ENRIQUE IV, se centra en Hotspur, para quien no hay más vida que la guerra. Precisamente, la clase de honor que persigue le muestra como un guerrero solitario y egocéntrico, incapaz de atenerse a una estrategia coordinada y de aceptar «tristes glorias compartidas». En II.iii es sumamente grosero con su mujer, cuyas preguntas no atiende[8], y su zafiedad se manifiesta de nuevo en la escena central de Gales (III.i), en la que, no obstante, parodia la magia de Glendower con un humor y una imaginación de los que carecen los demás personajes políticos.