Enrique IV
Enrique IV Shakespeare ha introducido a Hotspur inmediatamente después del príncipe para mostrar el contraste entre los dos antagonistas. El gran guerrero se muestra despectivo con Hal y se hace eco de su mala fama («… ese maleante de Príncipe de Gales…»). Sin embargo, Hal parodiará eficazmente la imagen y el estilo de Hotspur (en II.iv):
Yo no tengo el talante de Percy, el Hotspur del norte, que se mata seis o siete docenas de escoceses antes del desayuno, se lava las manos y le dice a su mujer: «¡Malhaya esta vida tranquila, quiero trabajo!» «¡Ah, mi buen Enrique!», dice ella. «¿A cuántos has matado hoy?» «¡Dadle de beber a mi caballo ruano!», dice él, y al cabo de una hora contesta: «A unos catorce. Poca cosa, poca cosa.»
En cuanto a la rebelión, los insurrectos exponen su propia versión del rey, sus circunstancias y su pasado inmediato, de suerte que no es fácil determinar la verdad de los hechos. La ambivalencia se extiende a ambos lados, si bien Shakespeare nos hace ver que lo bueno por conocer de los rebeldes puede ser peor que lo malo conocido del rey usurpador: el objetivo de la sublevación no parece ser otro que el de repartirse Inglaterra entre las tres partes implicadas. Por lo demás, Hotspur será tan ingenuo como para no entender hasta qué punto su tío y su propio padre se aprovechan de él y le traicionan.