Enrique IV
Enrique IV Sale WORCESTER.
Ibais a hablar.
NORTHUMBERLAND
SÃ, mi señor. Los prisioneros
en vuestro nombre reclamados
que Enrique Percy, aquà presente, capturó,
no se os negaron, según él, con tanta fuerza
como han informado a Vuestra Majestad.
Por tanto, de esta falta es culpable
la malicia o el error, que no mi hijo.
HOTSPUR
Majestad, yo no os negué prisioneros,
aunque recuerdo que, al final del combate,
estando yo sediento del ardor y la fatiga,
sin aliento y débil, apoyado en mi espada,
llegó cierto señor, pulcro y recompuesto,
flamante como un novio, con rapado mentón
que parecÃa un rastrojal recién segado.
Iba más perfumado que un modista
y llevaba entre un dedo y el pulgar
una poma de esencias. De cuando en cuando,
se la acercaba a la nariz y la apartaba,
lo que le daba irritación y cada vez
le hacÃa bufar. Él seguÃa hablando y sonriendo
y, al pasar los soldados con cadáveres,
los llamaba gentuza ignorante y descortés
por traer esos muertos indecentes