Hamlet
Hamlet de ancianos y matronas, de robustos
mancebos y de vírgenes, que abrasa
el fuego de los inflamados edificios
en confuso montón, a cuya horrenda
luz que despiden, el caudillo insano
muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira,
cubierto de cuajada sangre, vuelve
los ojos, al carbunclo semejantes,
y busca, instado de infernal venganza,
al viejo abuelo Príamo…»
Prosigue tú.
POLONIO.— ¡Muy bien declamado, a fe mía! Con buen acento y bella expresión.
CÓMICO 1.º.— «Al momento
le ve lidiando, ¡resistencia breve!,
contra los griegos; su temida espada
rebelde al brazo ya, le pesa inútil.
Pirro, de furias lleno, le provoca
a liza desigual; herirle intenta,
y el aire sólo del funesto acero
postra al débil anciano. Y cual si fuese
a tanto golpe el Ilión sensible,
al suelo desplomó sus techos altos,
ardiendo en llamas y al rumor suspenso.
Pirro… ¿Le veis? La espada que venía
a herir del teucro la nevada frente
se detiene en los aires, y él inmoble,