La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III DUQUESA: ¡DÃas execrables de inquietud y discordia! ¡Cuántas veces os han visto pasar mis ojos! Mi esposo perdió la vida por ganar la corona. Y mis hijos han estado arriba y abajo al vaivén de la fortuna, dándome alegrÃa y lágrimas según sus ganancias o pérdidas. Y cuando todo estaba consolidado y las luchas domésticas enteramente disipadas los vencedores se declaran la guerra entre sÃ, hermano contra hermano, sangre contra sangre, cada uno contra él propio. ¡Oh!… ¡Frenética furia fratricida, cesa en tu rabia, o déjanos morir, para no contemplar más la muerte!
REINA ISABEL: ¡Ven, ven, hijo mÃo; vamos al santuario[62]! ¡Señora, adiós!
DUQUESA: ¡Esperad, iré con vos!
REINA ISABEL: Vos no tenéis necesidad.
ARZOBISPO: Id, mi venerable señora.(A la reina). Y llevaos allá vuestro tesoro y vuestros bienes. Por mi parte, devuelvo a Vuestra Gracia los sellos que me estaban confiados, y ojalá me suceda conforme al afecto que os profeso a vos y a los vuestros. Venid, yo os conduciré al santuario.
Salen.