Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor 
Cuarto en la posada de la Liga
Entran FALSTAFF y la Sra. APRISA
FALSTAFF.—Basta de charla. Vete. Lo cumpliré. Esta es la tercera vez, y creo que a la tercera va la vencida. Márchate. Dicen que hay algo de la voluntad del cielo en los números impares, ya sea en el nacer, en la suerte, o en el morir. Vete, vete.
APRISA.—Os proveeré de la cadena, y haré cuanto esté a mi alcance para procuraros un par de cuernos.
FALSTAFF.—Márchate, digo. El tiempo pasa. Vamos: levanta la cabeza, y trote menudo. (Sale la Sra. Aprisa. Entra Ford.) ¡Hola! ¿Qué tal, señor Brook? Ha de saberse la verdad esta noche, o nunca. Estad en el parque esta media noche, junto al roble de Herne, y veréis maravillas.
FORD.—¿No fuisteis ayer, señor, conforme a la cita que me dijisteis os habÃa dado?
