Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor FALSTAFF.—A la cita fui, señor Brook, como el pobre hombre que me veis; pero salà de ella como una pobre vieja. Ese mismo pillo, Ford, su esposo, tenÃa en el cuerpo, señor Brook, el diablo más furioso de celos que jamás haya infundido frenesà a un hombre. Os diré que, tomándome por una anciana, me aporreó terriblemente; pues ya se echa de ver que en mi propia forma de hombre no temerÃa yo ni al mismo Goliat con una viga de telar; porque sé también que la vida es una lanzadera. Estoy de prisa. Venid conmigo, señor Brook, y os lo diré todo. Desde los dÃas en que desplumaba gansos, corrÃa la tuna y jugaba al trompo, no he sabido lo que es atrapar golpes hasta esta ocasión. Seguidme, y os referiré extrañas cosas de este bellaco Ford, de quien he de vengarme esta noche, y cuya esposa os he de entregar.
Salen