Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor PAGE.—No con mi consentimiento, os lo aseguro. No es un caballero apetecible. Era asociado y compinche del prÃncipe disoluto y de Poins. Pertenece a una región demasiado elevada, y tiene demasiado mundo. No. No será con mi caudal con lo que ha de echar un remiendo a su fortuna. Si ha de tomar a mi hija, la tomará a ella sola; pues la riqueza que poseo, será dirigida por mi voluntad; y mi voluntad no se dirige hacia ese lado.
FORD.—Os suplico lo más encarecidamente que algunos de vosotros vengáis a casa a comer conmigo; pues fuera de la mesa, habrá una buena diversión: os haré ver un monstruo. Vendréis, señor doctor; y también vos, señor Page; y vos, señor Hugh.
POCOFONDO.—Bien: quedad con Dios. Asà tendremos más libertad para los asuntos matrimoniales en casa del señor Page.
Salen Pocofondo y Slender
CAIUS.—Vete a casa, Rugby. Ya iré yo.
Sale RUGBY
POSADERO.—Adiós, amigos de mi alma. Me voy donde mi honrado huésped el caballero Falstaff a beber con él un trago de vino de España.
Sale el posadero
FORD.—(Aparte.) Creo que primero beberé vino de pipa con él. Ya le haré bailar. ¿Queréis venir, buenos amigos?
Todos.—Somos con vos, para ver el monstruo.