Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces BORACHIO.— Pues bien, manos a la obra. Procuradme una hora propicia para llamar aparte a don Pedro y al conde Claudio; contadles que sabéis que Hero me ama; pretextad una especie de celo, asà por el bien del prÃncipe como por el de Claudio, como si —con objeto de poner a salvo el honor de vuestro hermano, que ha concertado esta boda, y la reputación de su amigo, a punto de ser embaucado por las apariencias nada más de una doncella— lo hubierais descubierto todo. Apenas han de creerlo sin una demostración. Ofrecedles pruebas que consistirán nada menos que en verme en la ventana de su cuarto, oÃrme llamar a Margarita Hero; nombrarme Margarita Claudio, y elegid para que presencien esto la misma noche anterior al proyectado matrimonio, pues en tanto yo dispondré la coartada de manera que Hero esté ausente; y su infidelidad aparecerá tan manifiesta, que la sospecha se convertirá en certidumbre, y todos los preparativos trastornados.
DON JUAN.— Cualquiera que sea el resultado adverso que de aquà surja, quiero ponerlo en práctica. Sé astuto en el proyecto, y tendrás mil ducados de recompensa.
BORACHIO.— Mostraos vos firme en la acusación, y no me avergonzará mi astucia.
DON JUAN.— Voy a informarme inmediatamente del dÃa de su boda. (Salen.)