Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DON JUAN.— Si no os atrevéis a dar crédito a lo que veáis, no confeséis que lo habéis visto. Si queréis seguidme, os mostraré lo suficiente, y cuando veáis y oigáis más, obrad en consecuencia.
CLAUDIO.— ¡Si viese esta noche cosa alguna por la cual no deba casarme con ella mañana, la avergonzaré en la congregación donde hubiera de desposarme!
DON PEDRO.— Y asà como la cortejé en tu nombre para obtenerla, me uniré contigo para confundirla.
DON JUAN.— No la desdoraré más hasta que seáis testigos de lo que he anticipado. Conservad la serenidad siquiera hasta la medianoche, y dejad que el caso se aclare por sà mismo.
DON PEDRO.— ¡Oh dÃa aciagamente tornado!
CLAUDIO.— ¡Oh desgracia extrañamente sobrevenida!
DON JUAN.— ¡Oh calamidad a tiempo evitada! Asà os expresaréis cuando hayáis visto el resultado. (Salen.)