Mucho ruido y pocas nueces
Mucho ruido y pocas nueces DOGBERRY.— Vaya, habláis como un guardia veterano y tranquilÃsimo, pues no veo en qué pueda ofender el dormir. Solamente debéis tener cuidado con que no os roben los chuzos. Bien; llamad en todas las cervecerÃas y mandad a los que estén borrachos que se retiren a la cama.
GUARDIA PRIMERO.— ¿Y si no quieren?
DOGBERRY.— Pues, en ese caso, dejadles tranquilos hasta que se despejen. Si entonces no os dan mejor contestación, podéis decir que les tomasteis por quienes no eran.
GUARDIA PRIMERO.— Está bien, señor.
DOGBERRY.— Si os encontráis con un ladrón, podéis sospechar, por razón de vuestro cargo, que no es una persona honrada; y en cuanto a semejante especie de hombres, cuanto menos tratéis u os metáis con ellos, tanto más ganará, por cierto, vuestra reputación.
GUARDIA SEGUNDO.— Si nos consta que es un ladrón, ¿no le echaremos mano?
DOGBERRY.— Verdaderamente, podéis, en virtud de vuestro oficio; pero opino que quienes tocan la pez suelen mancharse. El procedimiento más pacÃfico, si topáis con un ladrón, es dejarle que se conduzca como quien es y que se abstenga de vuestra compañÃa.
VERGES.— Siempre habéis pasado por hombre misericordioso, compañero.