Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano ELENA.—No confÃo en vos, no. Ni permaneceré más tiempo en vuestra maldita compañÃa. Mis manos no están, como las vuestras, acostumbradas a las contiendas, y asà huyo y me salvo.
(Sale ELENA).
HERMIA.—Estoy azorada y no sé que decir.
(Sale HERMIA).
OBERÓN.—Esto es fruto de tu negligencia. Tú incurriste en esa equivocación, o hiciste eso por bellaquerÃa.
PUCK.—Creedme, rey de las sombras, que me equivoqué. ¿No dijisteis que reconocerÃa al hombre por su traje ateniense? Y para probar la inocencia de mi conducta basta ver que he puesto el jugo de la flor en los ojos de un ateniense, aunque es verdad que me alegra y divierte el ver la confusión y el enredo que de ello a venido a resultar.