Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos Otro lugar del parque.
Entran la PRINCESA, ROSALINA, MARÍA, CATALINA, BOYET, Señores, personas del séquito y un GUARDABOSQUE.
PRINCESA.—¿Era el rey el que espoleaba tan rudamente su caballo contra la escarpada colina de ese monte?
BOYET.—No lo sé; pero supongo que fuera.
PRINCESA.—Quien haya sido ha mostrado un alma anhelante de subir. Bien, señores; hoy se nos dará nuestra respuesta y el sábado retornaremos a Francia. Así, pues, guardabosque, amigo mío, ¿dónde se halla la maleza detrás de la cual debemos emboscarnos y representar el papel de asesinos?
GUARDABOSQUE.—Allá abajo, en la linde de aquel soto. Es un lugar donde podréis hacer vos la más hermosa caza.
PRINCESA.—Agradezco mi hermosura. Hermosa, y caza; por eso dices que soy una hermosa que caza[26].
GUARDABOSQUE.—Perdonadme, señora; no he querido decir eso.
PRINCESA.—¿Cómo? ¿Cómo? ¿Comienzas por alabarme y ahora te desdices? ¡Vanidad de corta duración! ¡Ni hermosa! ¡Qué pena!
GUARDABOSQUE.—Sí, señora; sois hermosa.
