Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos COSTARD.—¡Por mi alma, qué rústico! ¡Qué solemne imbécil! ¡Señor, Señor! ¡Cómo le hemos aplastado esas damas y yo! ¡A fe que han sido finas bromas! ¡Qué delicadísimo es el ingenio vulgar, cuando viene tan llanamente, con tanta obscenidad, tan a propósito! ¡Armado por un lado! ¡Oh! ¡He aquí un hombre extraordinariamente cortés! ¡Hay que verle marchar delante de una dama y llevarle el abanico! ¡Hay que verle cómo le besa la mano! ¡Y cómo le jura tiernamente su amor! ¡Y su paje por otro lado! ¡El ingenio hecho carne! ¡Ah, cielos! ¡No conozco liendre más sensible! (Ruido de caza dentro.) ¡Hala[35], hala! (Sale corriendo.)