Frankenstein
Frankenstein Recordé entonces que mi padre estarÃa esperando con ansiedad a que Elizabeth y yo regresáramos, y que ahora deberÃa volver solo. Este pensamiento me trajo lágrimas a los ojos y di libre curso a mi llanto. Mis errantes pensamientos iban de un punto a otro, centrándose en mis desgracias, y en lo que las habÃa ocasionado. Me envolvÃa una nube de incredulidad y horror. La muerte de William, la ejecución de Justine, la muerte de Clerval y finalmente la de mi esposa; ni siquiera sabÃa si el resto de mis familiares se encontraban a salvo de la maldad del villano; quizá mi padre se agitaba ya entre las manos asesinas, mientras Ernest yacÃa inerte a sus pies. Esta idea me hizo estremecer y me devolvió a la realidad. Me levanté, y decidà volver a Ginebra de inmediato.