Frankenstein
Frankenstein —Ha malgastado cada minuto invertido en esos libros. Se ha embotado la memoria de teorÃas rebasadas y nombres inútiles, ¡Dios mÃo! ¿En qué desierto ha vivido usted que no habÃa nadie lo suficientemente caritativo como para informarle de que esas fantasÃas que tan concienzudamente ha absorbido tienen va mil años y están tan caducas como anticuadas? No esperaba encontrarme con un discÃpulo de Alberto Magno y Paracelso en esta época ilustrada. Mi buen señor, deberá empezar de nuevo sus estudios.
Y diciendo esto, se apartó, me hizo una lista de libros sobre filosofÃa natural, que me pidió que leyera, y me despidió, comunicándome que a principios de la semana próxima comenzarÃa un seminario sobre filosofÃa natural y sus implicaciones generales, y que el señor Waldman, un colega suyo, en dÃas alternos a él hablarÃa de quÃmica.