Heidi
Heidi Después le acompañó hasta la calle y cerró la puerta.
La calma volvió a reinar en la sala de estudio. Se había reanudado la lección interrumpida y la señorita Rottenmeier se había quedado en la misma sala para que no volvieran a suceder semejantes calamidades. Había resuelto también informarse, una vez las lecciones hubiesen concluido, de las causas del escándalo para castigar al autor como se merecía.
En aquel momento volvió a sonar la campana de la puerta y Sebastián entró para anunciar que habían traído una cesta para la señorita Clara.
—¿Para mí? —preguntó ésta intrigada y pensando de quién podía ser—. Tráigamela en seguida por favor, Sebastián.
Sebastián se fue y reapareció momentos después con una gran cesta tapada. La dejó y desapareció.
—Opino que sería conveniente terminar ahora la lección y después destapar la cesta —manifestó la señorita Rottenmeier.
Pero Clara, que no podía adivinar lo que contenía la cesta, no cesaba de dirigirle miradas impacientes.
—Señor profesor —exclamó de pronto, interrumpiéndose en medio de una declinación—, ¿no podría destapar la cesta un momentito para ver lo que hay dentro y después continuaría en seguida la lección?