Heidi
Heidi —Vamos, vamos, pequeña —le dijo afectuosamente—, no llores. Esta imagen te ha recordado sin duda algo familiar; pero, mira, con el dibujo hay una historia muy bonita y yo te la contaré esta noche. En este libro hay además otras historias muy bellas que se pueden leer y luego explicar. Vamos, seca tus lágrimas, aún hemos de hablar de otras cosas. ¡Ponte delante de mà para que te vea bien y hazme una gran sonrisa!
Aún pasó un buen rato hasta que Heidi cesó de sollozar. La abuela dejó que se fuera desahogando y calmando, diciéndole de cuando en cuando:
—Ya ha pasado, ya estás más tranquila.
Y cuando, por fin, la niña se calmó, le dijo:
—Ahora, mi niña, tienes que contarme cómo van tus lecciones con el señor profesor. ¿Has aprendido algo?
—¡Oh, no! —respondió Heidi con un suspiro—, pero ya lo sabÃa que no podrÃa aprender.
—¿Qué quieres decir, Heidi? ¿Qué es lo que no se puede aprender?
—No se puede aprender a leer, es demasiado difÃcil.
—¡No me digas! ¿De dónde sacas tú eso?
—Me lo ha dicho Pedro y él lo sabe muy bien. Siempre tiene que empezar de nuevo y jamás podrá aprender, es demasiado difÃcil.