Heidi
Heidi —Querido señor profesor, sea usted bienvenido —le dijo, y siéntese aquà a mi lado. DÃgame lo que le trae aquÃ. ¿Nada grave, ninguna queja, espero?
—Al contrario, señora —empezó el profesor—, ha sucedido algo que en modo alguno podÃa yo esperar, algo que sorprenderÃa a cualquiera que estuviera al corriente de lo acontecido con anterioridad, pero es preciso convenir que según las reglas de la lógica esto era completamente imposible, aunque, sin embargo, ha ocurrido y del modo más maravilloso, cosa que precisamente está en contra de lo que cabÃa esperar…
—¿Es que, por casualidad, Heidi ha aprendido a leer, señor profesor? —le interrumpió la señora Sesemann.
El profesor la miró, mudo de estupefacción.