Heidi
Heidi —Realmente es algo maravilloso —dijo al fin—, no sólo porque después de todas mis detalladas explicaciones y el trabajo extraordinario que me habÃa tomado, la niña no habÃa podido aprender el abecé, sino que ahora lo ha aprendido en tan poco tiempo, precisamente en el momento en que yo habÃa decidido renunciar a las explicaciones para enseñarle las letras sin más. Ella ha aprendido a leer, por decirlo asÃ, de la noche a la mañana, y esto con una corrección que raras veces se encuentra en los principiantes. Y lo que también me parece muy notable, señora, es que usted haya considerado como probable un hecho cuya realización parecÃa tan imposible.
—Muchas cosas extraordinarias pasan en la vida —respondió la señora Sesemann sonriendo satisfecha— Hay también con frecuencia felices coincidencias; el encuentro de dos hechos, como, por ejemplo, un nuevo afán en el discÃpulo y un nuevo método por parte del maestro; ambas cosas tienen indudablemente algo bueno, señor profesor. Ahora ya podemos alegramos de los progresos de la niña y esperar que continúen.
Y, al decirlo, acompañó al profesor hasta la puerta y luego se apresuró a acudir a la sala de estudio para convencerse por sà misma de la buena noticia.