Heidi
Heidi —¡Pero, Heidi, las cosas no son tan simples! Tienes que comprenderlo: Dios es nuestro padre, un padre bueno que siempre sabe lo que nos conviene, aunque nosotros no lo sepamos. Si queremos obtener de él algo que no es bueno para nosotros, no nos lo concede. Pero nos concede algo mucho mejor si continuamos rogándole de todo corazón; lo esencial es tener paciencia y no perder la confianza en él. Lo que tú le habrás pedido, seguramente no será bueno para ti en este momento. Pero ten entendido que Dios ha oÃdo tu voz. Él puede ver y escuchar a todos los hombres a la vez, por eso es Dios y no alguien como tú y yo. Y como sabe muy bien lo que es bueno para ti, seguramente se habrá dicho: «SÃ, Heidi tendrá algún dÃa lo que pide, cuando haya llegado el momento y eso la haga verdaderamente feliz». Porque si ahora lograra lo que pide y luego ve que habrÃa sido aún mucho más feliz si yo no hubiese accedido a sus deseos, ella llorará y dirá: «¡Ojalá Dios no me hubiera concedido lo que yo le pedÃa! Esto no es tan bueno para mà como yo me figuraba». Y ahora resulta que mientras él desde arriba te mira para ver si tienes confianza en él y si sigues rogándole todos los dÃas cuando alguna cosa te apena, tú te has alejado de él, tú has dejado de decir tus oraciones y te has olvidado completamente de él. Pero has de saber que, cuando nosotros nos portamos de esta manera y Dios ya no oye nuestra voz, él también nos olvida y nos deja solos. Y luego, cuando nos encontramos desgraciados y nos quejamos, nadie tiene piedad de nosotros, al contrario se nos dice: «Tú fuiste quien olvidaste a Dios, que era el único que podÃa ayudarte». Di, ¿deseas que te suceda a ti lo mismo, Heidi? ¿O quieres volver a Dios, pedirle perdón y contarle luego todos los dÃas tus penas, tener confianza en él y creer que él lo arreglará todo para que puedas alegrarte de nuevo?