Heidi
Heidi —¿Y vas a dejar a la pequeña en casa del viejo? No sé en qué estás pensando, Dete —dijo Barbel en tono de reproche.
—¿Qué quieres que te diga? —contestó Dete—. Yo he hecho ya lo mÃo, ¿qué más quieres que haga? No puedo llevarme a Frankfurt a una niña de cinco años. Pero, a propósito, Barbel, ¿a dónde ibas tú? Ya estamos a medio camino de los pastos altos.
—Ya he llegado —le contestó Barbel—. Tengo que hablar con la madre del cabrero; ella hila para mà durante el invierno. ¡Adiós, pues, Dete, y que tengas mucha suerte!