Heidi
Heidi —Entonces será necesario que vaya, querida Clara, y asà tú te harás fuerte y gruesa, como tu papá y yo queremos. Y dime, ¿cuándo he de emprender el viaje? ¿Lo has decidido también?
—Lo mejor será que salga usted mañana muy temprano —respondió Clara.
—SÃ, Clara tiene razón —intervino el padre de la niña—, aún brilla el sol, todavÃa está azul; no hay, pues, un minuto que perder. SerÃa una lástima restar un solo dÃa del tiempo que tú podrÃas pasar en los Alpes antes de que cambie el tiempo.
El doctor no pudo menos que echarse a reÃr.
Mas, cuando se levantó para irse, Clara lo retuvo. QuerÃa confiarle aún un sinfÃn de recados para Heidi y encargarle que se fijara en los Alpes y en todo, para que a su regreso pudiera darle un detallado relato de sus impresiones. En cuanto al paquete para Heidi, más tarde se lo enviarÃa a su casa, porque era preciso que la señorita Rottenmeier la ayudara a empaquetarlo todo y, en aquel momento, la dama habÃa salido para una de sus expediciones a la ciudad, de las que no solÃa regresar tan pronto.
El doctor prometió cumplir todos los encargos con la mayor exactitud y ponerse en camino, si no al dÃa siguiente a primera hora, por lo menos durante el curso del dÃa, y prometió también dar a la niña exacta cuenta de su viaje y de todo lo que hubiera visto.