Heidi
Heidi En aquel momento sonó el silbido de Pedro en la parte baja del camino y, al poco rato, todas las cabras llegaban saltando, la ágil Cascabel delante. Heidi se metió inmediatamente en medio del hato, empujada de todos lados por las cabras, que demostraban con viveza la atracción que la niña ejercÃa sobre ellas. Heidi se abrió paso con energÃa para llegar al lado de Blancanieves, que se veÃa rechazada por las cabras mayores que ella cada vez que querÃa acercarse. Detrás del hato llegó Pedro, dio un formidable silbido a fin de obligar a los animales a tomar el camino del pasturaje, mientras él se acercaba a Heidi, a la que deseaba decir algo. Al sonar el silbido, las cabras se apartaron y Pedro pudo llegar junto a Heidi. Colocándose delante de la niña, dijo en tono de reproche:
—PodrÃas comenzar de nuevo a subir conmigo ahà arriba.
—No, Pedro, es imposible —respondió Heidi—, pueden llegar de un momento a otro de Francfort y es preciso que me quede en casa.
—Hace mucho tiempo que estás diciendo lo mismo —gruñó Pedro.
—Naturalmente, porque siempre sucede igual, hasta que lleguen. Acaso te parecerá bien que yo esté lejos de casa cuando ellos lleguen de tan lejos para verme, ¿verdad? ¿Lo crees as�