Heidi
Heidi El doctor no era para el abuelo un desconocido, pues la niña había hablado de él muchas veces. El Viejo tendió, pues, la mano al recién llegado y lo saludó con gran cordialidad. Luego los dos hombres se sentaron en el banco delante de la casa, dejando un pequeño lugar para Heidi, a la que el doctor hizo señas para que se sentara a su lado. Contó a los dos cómo el señor Sesemann lo había animado para hacer el viaje y cómo él mismo había encontrado que la excursión le podría sentar muy bien, porque desde hacía algún tiempo su salud no era muy buena. Luego, volviéndose a Heidi, le dijo al oído que pronto vería llegar una cosa que había venido con él desde Francfort y que le causaría, seguramente, mucha más alegría que el viejo doctor. Heidi se mostró muy intrigada, y hubiera querido saber en seguida de qué se trataba.