Heidi
Heidi A pesar de los golpes, no lograba arrancar ni un trocito de nieve y tuvo que darse por convencido de que toda la montaña estaba cubierta de hielo. Pronto se consoló con este hecho, porque recordaba que Heidi había prometido subir a ver a la abuelita en cuanto la nieve estuviese dura. De aquí que volviese rápidamente a la cabaña, bebiese de un trago su tazón de leebe, se metiese un trozo de pan en el bolsillo y exclamase:
—He de ir a la escuela.
—Bien, bien, ve y aprende mucho —respondió su madre para demostrar su aprobación.