Heidi
Heidi La niña leyó la canción hasta el fin, y cuando llegó a los últimos versos,
Cuando se haga la noche en mis ojos ya fríos, mi alma será envuelta por el fulgor del cielo y entraré sin temor en el valle sombrío… entraré como el ser que regresa a su suelo,
la abuelita los repitió varias veces, mientras una expresión de feliz esperanza iluminaba su rostro. Al verlo, Heidi se sintió también alegre. Recordó en seguida la bella y luminosa tarde de su regreso a la montaña y, llena de alegría, exclamó: