Heidi
Heidi —Una manta, porque cuando uno se acuesta, se mete entre una sábana y una manta.
—¿Ah, s� ¿Y si no tuviera yo ninguna? —dijo el viejo.
—¡Oh! Entonces es igual, abuelo. Haremos una manta con el heno —le tranquilizó Heidi, y ya iba en seguida manos a la obra, pero el anciano la detuvo.
—Espera un momento —dijo, y descendió la escalera; se dirigió a su propia cama y volvió con un gran saco de lienzo que puso en el suelo.
—¿No vale esto más que el heno? —preguntó.
Heidi empezó a tirar del saco para desplegarlo, pero pesaba tanto que sus pequeñas manos no podÃan manejarlo. El abuelo la ayudó y pronto quedó extendido sobre la cama y parecÃa una manta de verdad. Heidi miró su nuevo lecho, algo sorprendida, y exclamó:
—¡La manta es fantástica y la cama también! Quisiera que fuera de noche, para poder acostarme ya en ella.