La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —¡Uno de esos caballos es mÃo, c…! —exclamó—, pero, mira, voy a darte cinco francos por el trabajo que te has tomado de traérmelo hasta aquÃ.
—¿Estás de broma, no? —dijo el soldado.
Fabricio se echó el arma a la cara y le apuntó con ella; estaba a seis pasos de distancia.
—¡Suelta el caballo o te dejo frito!
El soldado llevaba el fusil en bandolera e hizo ademán de volver el hombro para cogerlo.
—¡Si haces el menor movimiento eres hombre muerto! —gritó Fabricio, echándosele encima.
—¡Bueno, bueno! Deme los cinco francos y coja uno de los caballos —dijo el soldado, confundido, tras echar una mirada a la carretera general donde no habÃa absolutamente nadie—. Fabricio, sosteniendo el fusil con la mano izquierda, le arrojó con la derecha tres monedas de cinco francos.
—Baja o eres hombre muerto… embrida al negro y lárgate con los otros dos… si haces un movimiento en falso, te frÃo.