Cujo
Cujo Cujo no se marcha. A veces se echa bajo el coche. Otras veces camina alrededor, en cÃrculos lentos, babeando, gruñendo para sà mismo. Ya no es solo rabia. Es locura. Una bestia poseÃda por el dolor y el calor, guiada solo por el instinto de matar.
—Va a entrar, mamá —dice Tad en un susurro—. Va a romper el coche.
Donna no contesta. Lo sabe. El perro ya ha abollado la puerta. Ha astillado una ventana.
En la ciudad, Vic vuelve a Castle Rock. Nadie ha visto a Donna ni a Tad. Cuando se entera de que fueron a la granja Camber, algo dentro de él se rompe. Va directo a la comisarÃa. La policÃa inicia la búsqueda.
Charity y Brett, de regreso de Boston, sienten el cambio antes de llegar. El ambiente enrarecido. La casa en silencio. La puerta abierta. El hedor.
—¿Papá? —grita Brett.
Encuentra el cadáver. Luego el teléfono. Llama a emergencias. Su voz, apenas audible, le susurra al operador: —Es Cujo. Algo le pasó a Cujo.
Donna ya no planea. Sobrevive. El termo está vacÃo. La lengua de Tad es una lija seca. Su piel, pálida y pegajosa. Ella grita, golpea las ventanas, pero Cujo siempre responde. Con ladridos que perforan el vidrio. Con ojos que la devoran.