El visitante
El visitante —Explique lo que vio con más detalle —pidió el fiscal Samuels.
El vagabundo se mojó los labios y miró a su alrededor, como si buscara una salida.
—Ya lo dije… lo vi salir del parque, todo cubierto de sangre. Pero cuando levantó la cara… su rostro se movió. Como si algo estuviera debajo de la piel.
Un murmullo recorrió la sala. El juez golpeó con el mazo.
—Señor, ¿está usted bajo la influencia de alguna sustancia?
—¡No estoy drogado! —El hombre casi gritó—. ¡Sé lo que vi!
La gente en la sala comenzó a reÃr. Pero Ralph Anderson no.
Porque algo en su interior le decÃa que, por absurda que pareciera la historia, habÃa una verdad escondida en ella.
Cuando la audiencia terminó, Terry Maitland fue liberado con restricciones. No completamente libre, pero un paso más cerca.
—Vamos a casa —susurró Marcy, aferrándose a su brazo.
Pero cuando salieron del juzgado, la multitud los esperaba.
—¡Asesino! —gritó alguien.