En la hierba alta
En la hierba alta Cal, por su parte, sigue escuchando la voz de Tobin. A veces lo llama desde la izquierda, a veces desde la derecha. Una vez, lo oye directamente desde abajo. Saltando, Cal ve por fin algo concreto: el campanario de la iglesia, pero ahora está lejos, casi fuera del horizonte. El coche, su ancla con la realidad, es apenas un punto rojo. Y la señal de tráfico que habÃa visto antes... está de espaldas.
—Estoy caminando en cÃrculos —murmura—. O peor aún, estoy caminando sin avanzar.
Becky empieza a perder fuerza. Se sienta. Tiene sed. Dolor. Miedo. La hierba le roza la piel como lenguas invisibles. Cree ver algo moverse entre los tallos. Algo que no es humano.
—No quiero morir aquà —susurra.
Ross vuelve a aparecer. SonrÃe. Le habla como si la conociera de siempre.
—Tú eres Becky. Tu hermano, Cal. El pequeño que viene... aún no tiene nombre, ¿verdad?
Ella lo mira, horrorizada. Él se acerca, abre los brazos.
—Todo tiene sentido si tocas la piedra —dice.
Entonces, la ve. Una roca negra, lisa, hundida en el corazón del campo. Al tocarla, dice Ross, se entiende todo. El tiempo. El espacio. El propósito.