La Milla Verde
La Milla Verde Percy Wetmore habÃa tomado a Delacroix como su juguete personal. Se burlaba de su acento cajún, de su miedo a la silla. Pero lo peor era cuando se metÃa con el ratón.
Delacroix tenÃa una mascota: un ratón inteligente, pequeño y gris, que parecÃa entender cada palabra que le decÃa. Lo llamaba Mr. Jingles. Percy odiaba al animal. Y eso solo significaba una cosa: en algún momento intentarÃa matarlo.
Una tarde, Percy dejó caer su porra en el suelo y el ratón corrió a esconderse. Fue la excusa perfecta.
—¡Ahà está el pequeño bastardo! —gritó, sacando el pie para aplastarlo.
Pero algo lo detuvo.
John Coffey se aferraba a los barrotes de su celda, con los ojos brillando en la penumbra.
—No, señor —dijo con su voz profunda—. No lo haga.
La piel de Paul se erizó. No era lo que dijo Coffey. Era cómo lo dijo. Como si supiera algo que ellos no. Como si Percy estuviera a punto de hacer algo irreparable.
—Aléjate del ratón, Percy —ordenó Paul.
Percy chasqueó la lengua y pateó la porra.
—No sé por qué diablos nos preocupamos por un condenado y su maldita rata.
