La Flecha negra
La Flecha negra Inmediatamente se oyó un penetrante silbido que se repitió varias veces, y sonó de nuevo más lejos. Al parecer, aquel silbido era la corneta de guerra de John Amend-all, con la cual transmitía sus órdenes.
—¡Ah, qué mala suerte! —exclamó Dick—. Estamos perdidos. ¡Deprisa, Jack, vamos deprisa!
Y ambos muchachos dieron media vuelta y echaron a correr por entre el grupo de pinos que cubría la cima de la colina.