La Flecha negra
La Flecha negra Se hallaba ya a unos cincuenta metros de ellos cuando le alcanzó una flecha y cayó. Se alzó, sin embargo, al instante; mas vacilaba en su carrera y, como si estuviese ciego, se desvió de su dirección.
Dick se puso en pie de un salto y le hizo señas agitando la mano.
—¡Por aquí! —gritó—. ¡Por este lado! ¡Aquí hallarás ayuda! ¡Corre, muchacho, corre!
Pero en aquel preciso instante una flecha hirió a Selden en el hombro, y, atravesando su jubón por entre las placas de su cota de malla, dio con él en tierra pesadamente.
—¡Oh, pobrecillo! —exclamó Matcham, juntando las manos.
Dick se quedó petrificado, sirviendo de blanco a los arqueros.
Diez probabilidades contra una tenía de que le alcanzase una flecha, porque los habitantes de los bosques estaban furiosos consigo mismos y la aparición de Dick a retaguardia de su posición les había cogido por sorpresa. Pero en aquel momento, saliendo de una parte del bosque muy cercana al lugar donde se hallaban los dos muchachos, se alzó una voz estentórea: la voz de Ellis Duckworth.
—¡Alto! —gritó—. ¡No tiréis! ¡Cogedle vivo! Es el joven Shelton… el hijo de Harry.