La Flecha negra
La Flecha negra —Clipsby —dijo Richard—: Lo que estáis diciendo no puedo escucharlo, sin faltar a mi honor. Sir Daniel es un amo bondadoso para mĂ, y mi tutor.
—¡Vamos! ¿Queréis descifrarme un acertijo? —repuso Clipsby—. ¿De qué bando es sir Daniel?
—No lo sé —murmuró Dick, enrojeciendo, pues su tutor, en los disturbios de aquella época, cambiaba continuamente de partido, y a cada uno de esos cambios acompañaba algún aumento en su fortuna.
—Claro —repuso Clipsby—; ni vos ni nadie, pues, en verdad, se acuesta siendo de los Lancaster y se levanta de los de York.
En aquel preciso instante, el puente retumbĂł bajo los cascos de un caballo. Se volvieron los del grupo y vieron llegar, a galope, a Bennet Hatch. Era Ă©ste un hombre de rostro moreno, pelo entrecano y aspecto torvo; iba armado con espada y lanza, una celada cubrĂa su cabeza y su cuerpo una cota de cuero. Hombre de relieve en aquellos lugares, se le consideraba la mano derecha de sir Daniel, lo mismo en la paz que en la guerra, y, a la sazĂłn, por conveniencia de su amo, ejercĂa el cargo de alguacil.