La Flecha negra
La Flecha negra —¡Clipsby! —gritó—: Corre a Moat House y manda a todos los rezagados por el mismo camino. Bowyer os dará cotas y celadas. Hemos de salir antes del toque de queda. FÃjate bien: al que sea el último en llegar a la puerta, sir Daniel le dará su merecido. Conque mucho cuidado, porque ya te conozco y sé que no eres hombre en quien se pueda confiar.
Y dirigiéndose a una de las mujeres, añadió:
—Nance, ¿dónde está el viejo Appleyard? ¿En la ciudad?
—En su campo, con toda seguridad —respondió la mujer.
El grupo se dispersó, y mientras Clipsby cruzaba pausadamente el puente, Bennet y el joven Shelton cabalgaban juntos por el camino, atravesando la aldea y dejando atrás la iglesia.
—Verás cómo ese cascarrabias —dijo Bennet— se pasa el tiempo murmurando y hablando sin ton ni son de Enrique V. ¡Y todo porque estuvo en las guerras de Francia!
La casa adonde se encaminaban era la última de la aldea, y se alzaba solitaria entre unas lilas. Más allá de ella, por los tres lados, se abrÃa la pradera, elevándose hasta las márgenes del bosque.