La Flecha negra
La Flecha negra —No; no volverás a ver al pobre Jack Matcham —replicó el otro—, tan miedoso y tan molesto para ti, a pesar de lo cual te sacó sano y salvo del rÃo. No volverás a verle, Dick… ¡te lo juro por mi honor!
Abriendo los brazos, recibió en ellos a Dick, y los muchachos se abrazaron y se besaron.
—Óyeme una cosa, Dick —continuó Matcham—: Me da el corazón que algo malo va a ocurrir. Vas a conocer ahora a un nuevo sir Daniel; hasta este momento todo, habÃa prosperado en sus manos con exceso y la fortuna no le habÃa abandonado; pero ahora, cuando el destino se vuelve contra él y su vida está en peligro, mal amo resultará para nosotros dos. Podrá ser bravo en la batalla; pero en sus ojos lleva escrita la mentira; el temor está en ellos pintado, y el miedo fue siempre más cruel que un lobo. En esa casa vamos a entrar, ¡qué la Virgen MarÃa nos guÃe para salir de ella!
Continuaron descendiendo en silencio hasta llegar a la plaza fuerte de sir Daniel en el bosque, donde se erguÃa, baja y sombrÃa, rodeada de redondas torres y manchada de musgos y lÃquenes entre las aguas ornadas de lirios, que llenaban el foso. Al presentarse ellos bajó el puente levadizo, el propio sir Daniel, con Hatch y el clérigo a su lado, les recibieron.