La Flecha negra
La Flecha negra —Carter, amigo mÃo, ¿cómo estás? —le preguntó.
—Master Shelton —respondió el hombre muy bajo y con gran excitación—: ¡Por la divina luz del cielo, traed al cura! ¡Ay de mÃ… me voy a toda prisa… me siento sin fuerzas… mis heridas son de muerte! ¡Ya no tendréis que prestarme otro servicio, éste será el último! Por el bien de mi alma y como caballero leal, id pronto; mirad que tengo un peso sobre mi conciencia que me arrastrará a los infiernos.
Lanzó algunos gemidos y Dick le oyó rechinar los dientes, bien fuera de dolor o de miedo.
En aquel momento apareció sir Daniel en el umbral de la habitación. En la mano llevaba una carta.