La Flecha negra
La Flecha negra ¿Por qué no querrá decÃrmelo? —pensó el muchacho—. ¿Y por qué nombró a Carter? Carter…, ¿será que éste participó en el asesinato?
Penetró en la casa y, recorriendo un pasillo, llegó a la puerta de la celda, donde yacÃa, gimiendo, el herido. Al verle entrar, Carter le preguntó con ansiedad:
—¿Habéis traÃdo al cura?
—TodavÃa no —contestó Dick—. Antes tienes que decirme una cosa. ¿Cómo murió mi padre, Harry Shelton?
A Carter se le alteró el rostro.
—No lo sé —respondió, hosco.
—Sà lo sabes —repuso Dick—. No intentes engañarme.
—Os digo que no lo sé —repitió Carter.
—Entonces morirás sin confesión —exclamó Dick—. Aquà me quedaré. No tendrás a tu lado ningún cura; te lo aseguro. ¿De qué te servirÃa la penitencia, si no tienes el propósito de reparar los males en que hayas participado? Y sin arrepentimiento, la confesión no resulta más que una burla.