La Flecha negra
La Flecha negra —Master Hatch parte para Kettley con todos los hombres que puedan montar a caballo —contestó Bennet—. Parece que va a haber por aquellos alrededores una batalla, y mi señor espera refuerzos.
—¡Bien! —dijo Appleyard—. ¿Y qué guarnición me dejáis?
—Te dejo seis hombres escogidos y, además, sir Oliver —contestó Hatch.
—No bastan para defender la plaza —observó Appleyard—. Se necesitarán cuarenta hombres para resistir como es debido.
—¡Cómo! ¿Para que nos salieras con eso te hemos venido a buscar, viejo pÃcaro? —replicó Bennet—. ¿Quién sino tú es capaz de hacerlo con semejante guarnición?
—¡SÃ, cuando te aprieta el zapato te acuerdas del viejo! —repuso Nick—. No hay uno de vuestros hombres capaz de sostenerse a caballo ni de manejar una pica; y en cuanto a arqueros, si el viejo Enrique V resucitase, serÃa capaz de ofrecerse, por un ochavo cada vez, a servir de blanco en vuestros tiros.
—¡Vamos, Nick, que todavÃa hay alguien que sabe disparar un arco! —exclamó Bennet.