La Flecha negra
La Flecha negra —Goody —le dijo—: Por favor, ¿dónde está master Matcham? Cuando llegamos te vi entrar con él.
La vieja se echó a reÃr a carcajadas.
—¡Ah, master Dick! ¡Sin duda tenéis buenos ojos! —y volvió a reÃr.
—Bien, pero oye: ¿dónde está? —insistió Dick.
—No le veréis ya más —replicó la vieja—. Nunca más. Estad seguro de ello.
—Si no he de verle —respondió el muchacho—, habré de saber por qué razón. Él no vino aquà por su propia voluntad; poco valgo, mas soy su mejor protector y cuidaré de que se le trate bien. ¡Son ya demasiados misterios y empiezo a estar cansado de ello!
Apenas acababa de hablar, cuando caÃa sobre su hombro una pesada mano. Era Bennet Hatch, que llegó por detrás, en silencio, y con un gesto del pulgar despidió a su mujer.