La Flecha negra
La Flecha negra —Amigo Dick —le dijo tan pronto como estuvieron solos—: ¿Estáis realmente loco? Si no dejáis en paz ciertas cosas, más os valiera estar en el mar salado que aquà en Moat House. Me habéis venido a mà con preguntas, habéis estado atormentando a Carter, y al clericucho le habéis aterrorizado con insinuaciones. Tened más prudencia, no seáis necio, y sobre todo ahora, cuando sir Daniel os llame, ponedle buena cara, por discreción. Vais a sufrir un riguroso interrogatorio. Tened cuidado con lo que respondéis.
—Hatch —replicó Dick—: Todo esto me huele a conciencia culpable.
—Y si no obráis con más prudencia, pronto os olerá a sangre —repuso Hatch—. No hago más que advertiros. Y ahà viene uno a llamaros.
En efecto, en ese momento cruzaba el patio un hombre que venÃa en busca de Dick para decirle que sir Daniel le esperaba.